La gran solución de Caracas

Cuando la gente viene del interior a Caracas por primera vez generalmente quieren subirse en el Metro, al parecer es una atracción en cualquier ciudad del mundo, creo que es una fascinación que sentimos por andar bajo la tierra, sin embargo es mi opinión que el Metro de Caracas colapsó en algún momento. Hace como 5 años empecé a usar el metro con regularidad y recuerdo que hasta las 4:30 más o menos uno se podía sentar en los vagones, incluso recuerdo que en las horas pico uno podía respirar sin tener que meterle la cara en la axila a alguien más, hay varias situaciones en este sistema de transporte masivo que resultan memorables, la primera de ellas es la transferencia en Capitolio o en Plaza Venezuela, pero la peor es la primera, ya en la estación anterior(La Hoyada) la gente se va acumulando en las puertas del vagón, por alguna razón empiezan a resoplar como caballos y es normal sentir en el cuello la asquerosa respiración de alguna de las personas que allí se encuentran, nada más detenerse el tren para que empiecen los empujones, para nada porque siempre se sale al mismo ritmo, NO HAY FORMA DE ACELERAR EL PROCESO, sin embargo la gente se transforma en una especie de ganado sin capacidad de discernimiento, hay momentos en los que se puede salir del tren sin siquiera tener los pies el piso, claro que también están los que quieren entrar que a estas alturas no han entendido que: dejar salir es entrar más rápido, esa especie de mantra que repiten sin cesar los operadores pasa completamente inadvertido para el rebaño, otras cosas que pasan son la caminata para llegar de Capitolio al Silencio donde nunca falta un “vivo” que decide irse por el canal contrario como si a más nadie se le hubiese ocurrido esa idea y ni hablar de los personajes ridículos que uno se puede encontrar allí, desde los “góticos” hasta el hombre del alien en la barriga(bueno en realidad es un tumor pero bien podría ser un alien) y también se presta para todo tipo de encuentros ladillas con toda clase de personas, que pueden ser desde antiguos compañeros de clases como una antigua novia con su pareja actual(de todos los trenes del metro, de todos los vagones, etc…) y bueno ahora encima es inseguro andar en el metro y tengo que andar con una mano atrás para chequear que ningún choro se haya llevado mi billetera, ahora también los putos de movilshit agarraron y empapelaron el metro con sus publicidades, aunque como diría una amiga: ¿para qué ponerlo allí si ahí no agarra señal el celular? no pueden faltar tampoco las parejas que agarran el metro como lugar de encuentro, nunca lo entenderé, habiendo tantos lugares menos olorosos a aceite y vomito, mención especial a los trabajadores del metro que más o menos se esfuerzan por mantener el sitio bien, y avergüenzan a los que infrigen las normas del servicio, siempre es cómico cuando lo hacen y satisfactorio además, pero finalmente debo confesar que amo el metro, es en verdad una experiencia sensorial única, las cosas que se pueden escuchar, ver, oler y tocar en el metro valen oro…
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Acerca de Luis H. Acuña

Incomunicador Social. Videojugador. Escritor improductivo. Serie adicto. Lector indiscriminado. No sé Kung-fu ni cómo derrotar a Zurg.
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