Consumidora 0-5 años

Bueno, hola a las dos o tres personas que leen esto, otra vez me comprometo a actualizar con más frecuencia este espacio, ya no va lo de los conciertos porque pienso perdió validez por todo este tiempo que ha pasado desde el último, así que voy a poner otras cosas, por lo pronto hago trampa y copio textual un trabajo que hice para la universidad hace poco…y bueno, chau.


Elegir el sujeto a estudiar para realizar el análisis de sus hábitos de consumo no fue tarea fácil, para empezar no conozco muchas personas que no pertenezcan a mi grupo etáneo. Durante ese proceso de elección para ver cuál sería la persona más indicada empecé a ver hacia mi grupo familiar y a descartar, primero pensé en mi abuela pero luego la fui descartando poco a poco, habiendo ido a comprar cientos de cosas con ella pues ya conocía bien sus hábitos para consumir.

Luego consideré a mi tía, pero la descarté también por conocer sus dos grandes pasiones a la hora de comprar: “oferta” y “zapatos”, entonces me pareció poco interesante. Finalmente arribé al sujeto que se había escurrido una y otra vez en mis cavilaciones, una respuesta sencilla y probablemente enriquecedora, elegí a mi primita de 5 años. Le comenté a mi tía al respecto del proyecto y me dio permiso, en ese momento empezó mi estudio.

Mi prima Sofía cumplió 5 años en octubre, es estudiante de kinder en el colegio Humboldt de Caracas desde hace un año. Le gustan las princesas de Disney y Barney, así como Bob Esponja. Recientemente descubrió un canal algo más maduro para ella en el canal Cartoon Network. Además le gusta disfrazarse y jugar con muñecas, ya sea de bebés y jugar a la mamá o Barbies y Bratz con las que inventa historias de novios y juegos de rol.

Por tratarse de una niña, era inútil intentar entrevistarla, al menos no preguntarle directamente acerca de sus hábitos de compra, así que decidí confiar en la observación y dejar caer una que otra pregunta. Además preparé ciertos escenarios de compra para poder ver exactamente su comportamiento ante las diferentes opciones con las que se encuentra diariamente para elegir qué consumir.

El primero de estos escenarios fue una tarde televisión y comerciales, un domingo entre las 2 y 5 p.m., luego de ver buena parte de la programación de los canales infantiles de la TV por pude notar algo, hace un año ante cualquier comercial de juguetes, sin importar cuál fuese, lo quería. Hoy en día ya no, ahora sabe distinguir entre juguetes para niños y juguetes para niñas, entre los de niñas ya sabe cuáles le gustan y no, luego de ver muchos comerciales de cualquier cantidad de juguetes habidos y por haber, cada uno distinto, unos más grandes, que cantan y hacen sonidos, otros con luces y un sinfín de opciones, Sofía vio aquellos que le gustaban, unas Bratz bebés, otras muñecas llamadas Winx y vuelan, también unos sets de maquillaje para niñas. Sin embargo a la mayoría de los comerciales de juguetes ni siquiera reaccionó, sólo a aquellos de cosas que le gustaran.

Luego de esa experiencia se me ocurrieron dos escenarios más relacionados entre sí: La panadería y el supermercado. En la primera entramos y no se despegó en ningún momento de las chucherías, chicles, chocolates, caramelos y chupetas, llevada por los colores y los dibujos de los empaques decidía cuáles les gustaban y cuáles no, sus favoritos eran unas gomitas con formas de comida chatarra; hamburguesas, perros calientes, pizzas e incluso unos tacos. De los chocolates le llamaron la atención los pin pon y los huevitos Kinder. Le dije que le compraba un solo producto de los que estaban ahí exhibidos para forzarla a elegir el que quería. El proceso no fue fácil para ella, dio unas cuatro vueltas por el mostrador hasta encontrar el ideal: Unos chicles de Bob Esponja con un tattoo gratis. A decir verdad tardó más en botar el chicle que en decidirse por él, sin embargo le encantó el tatuaje artificial con la figura de Patricio.

Al día siguiente fuimos al supermercado con mi tía, luego de pasar aburrida por la carnicería, la charcutería y varios pasillos de lavaplatos, pasta y enlatados, finalmente Sofía pudo emocionarse con el pasillo de las chucherías y los cereales. La verdad es que ahí no veía en qué fijarse, miles de productos con dibujos de conejos, gallos, tigres y tucanes y prácticamente cualquier animal existente. Además de una amplia variedad de gelatinas, galletas, chocolates y tortas en caja. En este caso el ganador fue el cereal de Nestlè, Nesquik con un conejo, cuando le pregunté porqué ese y no otro, la respuesta fue clara: “Con este la leche se convierte en chocolate” entonces busqué otro cereal que hacía lo mismo y me miró con cara de obstinada y me respondió pero el conejo es más bonito.

También pasamos por la sección de útiles escolares, donde mi prima escogió un estuche de marcadores con unos muñequitos de colores. Finalmente estuvimos en la sección de jugos donde escogió el de huesitos, básicamente porque trae otro tatuaje temporal más y según ella es mejor, aunque en mi casa le puse otro jugo que no era el de huesitos y no se dio cuenta del cambio.

El tercer y último escenario fue el más temido por mi tía: el mall, estuvimos en varias del CCCT, en estas tiendas Sofía era como un pez en el agua, directo a las secciones rosadas, acá el panorama cambió un poco, quería todo lo que dijera Barbie, Bratz, Winx o Polly, a excepción de las que ya tenía. Por supuesto la decisión final era la de mi tía que la hizo escoger una Polly y se acabó la visita a la juguetería con la compra de la muñequita. Luego vino la hora de la comida, aquí intenté ir a otro sitio que no fuese Mc Donalds, simplemente no hubo forma de hacerlo, ni Wendy’s, ni Burger King, ni Arturo’s que ofrecen menú para niños fueron capaces de atraer a mi prima, la única respuesta fue: “Pero a mi me gusta McDonalds” y hasta ahí quedó la discusión.

Luego me entrevisté con mi tía para comparar notas acerca de los hábitos de consumo de Sofía. “Principalmente tiene un grupo de cosas que le gustan y otras que ni las mira, pero al final todo depende si a las amiguitas les gusta o no”. A una niña como Sofía es casi imposible tratar de hacerle entender el valor del dinero, por tanto a la hora de comprar, respuestas como “es muy caro” o “no tengo dinero” no aplican muy bien, tampoco entiende conceptos como calidad, finalmente su decisión se basa en el empaque, algún personaje que le guste o si trae algo de regalo (preferiblemente un tatuaje removible). Además de ser influenciada fuertemente por su grupo social, más de una vez la respuesta para querer algo ha sido: “todas las niñas tienen una” así que existe una gran necesidad de ser aceptada por los demás, cuando le regalan algo lo primero que hace es enseñárselo a todos para saber si está “fino” y por supuesto llevarlo al otro día al colegio.

Comparada conmigo existen grandes diferencias entre sus hábitos de consumo y los míos, para mí el factor precio es importante y muchas veces determinante a la hora de adquirir un producto, cuestiones como la calidad y la funcionalidad también juegan un papel dentro de las decisiones. A veces de cualquier forma me dejo llevar por la moda o por algún antojo, pero no es la norma. Fácilmente me decepciono leyendo la caja de un producto, en cambio no hay nada que pueda hacer que Sofía se le pase el capricho, al menos no algo racional, es mucho más emocional en ese sentido. Por otro lado a mi no me importa tanto la presión social y cedo ante lo que reconozco son placeres culpables como ciertas series de televisión que veo.

De los valores compartidos con el resto de los venezolanos el que más resalta es el factor novedad y social de la compra en Sofía, para ella lo más importante es ser agradada en su entorno y puede gustarle o dejar de hacerlo cualquier juguete por seguir a sus amigas. Sin embargo tiene propensión por elegir aquellas cosas que le gusten a ella y a sus amigas. Si algo de los que le gusta sale anunciado en la televisión ella necesita tenerlo primero que el resto del mundo. Otros factores entran en juego en su decisión de compra, como límites que ponen mis tíos o cuando debe elegir entre un producto y otro, pero en general así se comporta Sofía al comprar.

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Acerca de Luis H. Acuña

Incomunicador Social. Videojugador. Escritor improductivo. Serie adicto. Lector indiscriminado. No sé Kung-fu ni cómo derrotar a Zurg.
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