Mi vida gira alrededor del Béisbol

Nunca he sido muy fan del béisbol, he tenido épocas en las que lo he seguido y otras en las que no tanto. Soy fan de los Eternos Campeones pero no sabría decir quiénes forman la alineación del equipo. Tengo una gorra del Caracas que me regaló mi esposa y algún día cumpliré la promesa que empavó al equipo de comprar la franela. Soy, en todo caso, un fan de periódico, es decir, todos los días veo los resultados y leo las noticias al respecto.

Sin embargo, por una extraña alineación cósmica me toca vivir cerca del Estadio Universtario. Es curioso, de niño jamás percibí que vivía cerca del estadio, aunque lo podía ver desde la ventana, aunque podía escuchar los gritos y la samba de los Tiburones, jamás pensé que vivía cerca del estadio. Quizá de niño la diferencia entre lejos y cerca se mide de otra forma.

Lo cierto del caso es que buena parte de mi vida la he pasado tratando de comprender el fenómeno del béisbol, ese que convierte a personas en apariencia normales en seres extraños llenos de trivia deportiva (mentira, normalmente sólo es trivia beisbolera) y que viven y mueren por la pelota.

Tengo que admitir que cierta parte de mi ha sido también siempre esnobista en este respecto. Es apenas de grande que entiendo que a una persona que le guste el béisbol le debe parecer tan inútil mi conocimiento de los Simpsons como a mi cuánto ha bateado o dejado de batear el Magallanes.

Por eso me parece una ironía de la vida que hoy tenga que acomodar mi horario con el calendario de los Leones y Tiburones, mi vida se va a la mierda durante la temporada de béisbol, si juegan Caracas-Magallanes, Caracas-La Guaira o La Guaira-Magallanes, se hace imposible llegar en menos de dos horas hasta mi casa desde practicamente cualquier punto de la ciudad.

Todos los lunes religiosamente me veo en la obligación de revisar el calendario, maldecir por vez número mil doscientas cincuenta y seis a los Tiburones por no tener Estadio propio, a los desalmados de la LVBP que ponen un Caracas-La Guaira seguido de un Caracas-Magallanes, con toda la premeditación y alevosía posible.

Desde la ventana de mi oficina se puede ver la calle que va hacia mi casa, sin colas, 15 minutos me toma en un día normal. Dos horas toma si hay juego, además es un paquete todo incluído de borrachos en la calle, fiscales que estorban más de lo que ayudan, incluso ha pasado que es tanto el tráfico que es necesario cerrar la calle y rogar al grito de “pero es que yo vivo ahí”.

En fin, esa es la historia de cómo mi vida es controlada por el béisbol en contra de mi voluntad, de cómo me toca inventar idas al cine, cenas en la calle o simplemente arriesgarme a caminar por Plaza Venezuela en la noche para poder llegar a mi casa antes de las 10pm y poder echarme a ver los Simpsons aunque sea un rato.

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Acerca de Luis H. Acuña

Incomunicador Social. Videojugador. Escritor improductivo. Serie adicto. Lector indiscriminado. No sé Kung-fu ni cómo derrotar a Zurg.
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