Al infierno se va en Ascensor

Por alguna razón de tipo cósmica desde hace algunas semanas los ascensores de mi día a día han provocado toda clase de retardos, arrecheras, cansancio y desesperación en mí. Tanto en el edificio donde vivo como en el que trabajo los ascensores se han dañado intermitentemente, dándome preciosos minutos en los cuales he podido reflexionar acerca de cuánto me ladillan los ascensores en general.

No se trata solamente de haberme levantado hace unos días tarde y haber tenido que bajar los siete pisos de escaleras, haber llegado relativamente a tiempo al estacionamiento del trabajo para encontrarme con una cola que me hizo recordar los tiempos de la beca alimentaria. No, no es sólo eso, es mucho más. Aún cuando están buenos me generan fastidio, por varias razones, casi todas del tipo social.

Por un lado están los desesperados, con esto me refiero al grupo de personas que por alguna u otra razón llegan al lobby mientras estoy esperando el ascensor, el botón brillante indicando que ha sido presionado y sin embargo esa no es seña suficiente de que viene en camino, por tanto tienen que presionarlo otra vez. Esto me molesta en dos niveles, por un lado, lo veo como un insulto personal, no estoy parado ahí de gratis y ya presioné el botón y a menos que esa persona tenga poderes mágicos, el ascensor NO va a llegar más rápido. Por otro lado, los desesperados tienen además por costumbre presionar el botón mil veces como si se tratara de un acelerador, sería bueno entonces indicarles a estas personas que pisar el botón cien veces NO hace que llegue más rápido.

¡¡Tal vez si le doy a la G mil veces llegaremos más rápido!!
En los edificios de oficinas es común encontrar también a los indecisos, son los que no tienen ni idea a qué piso se dirigen pero están apurados por llegar, así que deciden evitar mirar el directorio o preguntar al vigilante todo para vivir la aventura de llegar a tiempo sin saber dónde van. Entonces estos personajes abordan el ascensor, hojita de papel en mano, y empiezan a elucubrar acerca del piso correcto: “Yo creo que es el 6…no, no, es el 8, chico a mi parece recordar el 12” hasta ahora, nada grave, el problema es que piensan en un número y lo marcan. Al final, han marcado todos los números sólo para darse cuenta que la cosa es en el primer piso y el resto, nos tenemos que ir parando piso por piso hasta llegar al 18.

Es en uno de estos…mentira es en la otra torre, hasta luego!
Además de este par de tipos de personas están los grupetes que son esos que suben en cambote al ascensor, se caracterizan porque consideran que el ascensor es de capacidad infinita y por tanto lo llenan a reventar y además creen que por ser mayoría pueden hacer los que le da la gana en el apretujado aparato, bien sea gritar todo lo que quieran, bailar, cortarse las uñas (esto me pasó en verdad) o simplemente detener el ascensor mientras conversan ampliamente entre pisos.

Creo que sólo me falta por criticar a los tarados que marcan los botones de subida y bajada, y que luego tienen el descaro de preguntar ¿Va bajando o va subiendo? y no montarse porque no el ascensor no va en la dirección que ellos quieren. Los ascensores debería venir con un manual de uso, en fin, al menos descargué mi ya no odio sino ladilla absoluta a estas pequeñas cajas de socialización forzada.

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Acerca de Luis H. Acuña

Incomunicador Social. Videojugador. Escritor improductivo. Serie adicto. Lector indiscriminado. No sé Kung-fu ni cómo derrotar a Zurg.
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